Black Fish outside the river (Devan Tully)

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Black Fish outside the river (Devan Tully)

Mensaje por Shiera Seastar el Vie Sep 19, 2014 9:30 pm

Mediodía.
Burdel "La Minina".
Calle de la Seda.


Los sonidos de placer llegaban hasta sus oídos como el susurro de un amante, la adulación de un hombre; prestos y constantes. Podía escuchar también el sonido del roce de los cuerpos, el golpeteo rítmico que delataba las penetraciones y los jadeos profundos del hombre con cada embestida. Aquel acto le impedía concentrarse al cien por ciento en su interlocutora, pero Shiera sabía cómo manejar dos situaciones a la vez. A medida que avanzaba, los ecos del coito se iban haciendo más y más distantes, permitiéndole a la bastarda poner completo oído a las palabras de la mujer que la guiaba por los pasillos del burdel. Habían llegado hasta el inicio de una escalera que descendía al piso inferior, del cual llegaban otros sonidos: música perfecta para el lugar, tambores, arpones y panderos que se mezclaban en una melodía suave y envolvente. Risas tímidas y susurros sensuales; risas ebrias, risas complacidas. Gemidos y quejidos también. “Hay que dejar que prueben la mercancía”.

-No hemos recibido noticias, mi lady –le dijo la mujer con su voz cautivadora y ululante. Era la voz de una amante.

-¿Ninguna? Pensé que con lo acontecido tendríais al menos una cosa que decirme… veo que no habéis logrado mucho desde la última vez –un gesto de tristeza y desilusión fingida se hicieron en el rostro de la Stella.

-Me vais a perdonar, lady Shiera… pero no es mucho lo que mis muchachas le han podido sonsacar a los soldados del Tully. Son hombres muy…

-Son hombres. –Replicó la pelirrubia-. Y confío en que encontraréis la forma de hacerlos cantar… -agregó con una sonrisa picarona, para luego relamerse los labios. La mujer captó enseguida su indirecta.

-Sois una mujer astuta, Seastar. Tenéis razón; pondré a la mejor de todas al servicio del siguiente Tully que entre a esta casa de placer. –La mujer comenzó a descender por los escalones a paso lento y delicado, y la Estrella le siguió; sus caderas se movían en un vaivén que invitaba a las más cálidas fantasías.- De hecho, ahora que mencionáis lo del Tully, creo que el heredero del tal lord Leyton está aquí…

-Oh… ¿En serio?“Ya lo sabía” pensó mientras le sonreía a la mujer, al llegar al último peldaño, giraron hacia la derecha para encontrarse frente a frente con el salón de recibimiento del burdel.

Muchas mujeres se hallaban sentadas en los muslos de otros hombres, dejándose seducir por las manos apresuradas de sus amantes. Idiotas, todos esos que creían que con un apretón en el sexo lograban que aquellas damas de compañía llegaran al orgasmo; Minisa las había entrenado bien para que supieran complacer a sus clientes. Nadie que las viera sabría que en el fondo solo estaban fingiendo. Su mirada bicolor se paseó por todos los presentes; los capas doradas, caballeros de grandes casas, caballeros de casas menores. Mujeres traídas de Lys, el templo del placer, otras traídas de las Islas del Verano o de Nath. Rubias platinadas, mulatas, morenas… Todas tenían una figura hermosa y cautivante que lograba excitar con la sola imagen a quienes las vieran; pero la aparición de la Seastar pareció captar la mirada de más de un visitante.

Pese a todo, ese día no iba vestida como acostumbraba pues planeaba pasar desapercibida. No era como si eso fuera a evitar que los ojos de Brynden la siguieran allí a donde fuera, pero de todas formas un poco de juego le daba el toque picante de la emoción a la situación; iba ataviada con un vestido verde agua que contrastaba con sus orbes dispares y las esmeraldas y zafiros de su collar. El atuendo tenía un escote en V y partía desde los hombros con un drapeado que la envolvía hasta la cintura, en donde se encontraba una cuerda hecha de hilos de plata con la función del cinturón, para remarcar sus marcadas y sensuales curvas. Tenía una caída suelta y vaporosa, que parecía hacer danzar su falda de forma elegante cada vez que daba un paso. Encajes de hilo de plata adornaban allí en donde se unía la tela sobre los hombros, y donde terminaba la falda, en forma de hojas de laurel. Sus pies estaban cubiertos con sandalias plateadas y cómodas. Pero sobre eso llevaba la capa cerrada de hilo negro que no dejaba ver nada más que el movimiento de las faldas bajo ésta.

En el ambiente se respiraba un aroma cargado de incienso con olor a frutas exóticas, y el matiz sexual que desprendían los cuerpos de los amantes sentados sobre los sofás de la sala. Los colores iban desde el rojo pasión al damasco, con cortinas de telas transparentes para separar un sector del otro, adornadas con brillos plateado o dorados, En el piso habían alfombras felposas que se hacían muy placenteras al tacto, y frente a cada sofá había una mesita con frutas, queso y vino. Pero un buen vino. Algunos sillones eran individuales, otros dobles y otros triples, con el espacio justo para que una o más personas se acomodaran, entregándose al juego que venía previo a las habitaciones.  

-Allí está el Tully –le susurró Minisa al oído, con un gesto disimulado que apuntaba al joven heredero de Aguasdulces-, quizá él sepa algo.

-O quizá no sepa nada y me esté arriesgando mucho –siseó la bastarda, desviando la mirada al joven-. Pero ya estamos aquí… Veamos qué tal nos va. –Se volvió hacia su interlocutora y depositó un suave beso en sus labios-. De todas formas seguid buscando, Minina… -le susurró mirándola a los ojos de la misma forma eclipsante de siempre; la mujer le sonrió coqueta y asintió.

Sus pasos eran lentos y gráciles, e iban en dirección a Devan Tully, el joven heredero de Aguasdulces. Por lo mucho que había oído de él, Devan era un joven rebelde amante de hacer pasar rabias a su padre y de contrariarlo. El buen Leyton Tully sufría de más de un dolor de cabeza gracias a su primogénito. También parecía tener una ligera inclinación hacia el bando de los Fuegoscuro, aunque Shiera lo veía más como algo que hacía por el simple placer de molestar al legendario caballero que tenía por padre. Pero eso era lo de menos cuando de conseguir información se trataba; tenía que saber de sus medio-hermanos, y si aquel chiquillo sabía algo que le pudiera servir, era bienvenido. Con una mano tanteó la tela sedosa de la cortina semi-corrida y se dejó caer delicadamente sobre el sofá acolchado, junto al Pez Negro. Notó cómo éste le devolvía la mirada cargada de rebeldía y sonrió.

-¿Os han hecho esperar mucho, ser Devan? –preguntó en un ronroneo meloso y cariñoso, mientras le devolvía la mirada de forma cautivante- ¿Te molestaría que os hiciera compañía?  


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