Los viejos tiempos [Libre]

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Los viejos tiempos [Libre]

Mensaje por Dekar Hightower el Dom Jun 15, 2014 2:03 pm

El pie del gigante del valle subía y bajaba impaciente, si la silla que le sostenía hubiese sido de madera y no un tallado en piedra de seguro habría terminado por ceder como lo habían hecho otras en el pasado cuando estuviese en ese estado. Sus ojos seguían los movimientos de dos reclutas en el patio de armas, quien quiera que los viera sabría que eran novatos, sus golpes jamas lograrían acertar en un guerrero de tomo y lomo, pero aún asi se notaba que pese a la poca pericia tenían talento. Pero eso no era lo que capturaba los ojos de Zodd ni lo que le hacía perder la paciencia. La Bestia de valle se levanto enojado, fue hasta donde estaban las armas de entrenamiento y cogió una espada. Los jóvenes estaban tan concentrados que no le vieron ir ni venir, aunque si el resto de los ojos que observaban el enfrentamiento. Desde épocas antiguas, incluso antes de que Zodd estuviera al mando de los caballeros del valle, el lugar de entrenamiento de los futuros caballeros era una suerte de centro social, las damiselas veían de primera fuente a las últimas reces que pronto estarían dispuestas para la compra en el mercado de los compromisos matrimoniales y los hombres, bueno, ellos se jactaban de sus habilidades mientras entrenaban, era como una feria de pavos reales que intentaban mostrar sus plumas ante las hembras.

Con un movimiento hizo volar la pesada de uno de los novatos quien quedo sentado en el piso pasmado a ver a la masa que llamaba capitán frente él. El segundo de los muchachos quien no había alcanzado a detener su ataque acabó por recibir una patada en su pecho que lo mando a volar un par de metros. - ¡Ustedes...! - Pudo ver el temor en los chicos y se comió sus palabras, como expresar que no tenían lo que quería ver si era algo que probablemente jamas habían podido presenciar. Hacía cuatro años una sombra se había posado en el Nido de Águilas y porque no decirlo, en todo el Valle. Mientras otras partes de la región habían logrado salir de ella el Nido no y la razón era bastante simple, la tristeza en ese lugar era tan profunda que parecía como si hubiese sido ayer que la esposa y el hijo de Erik hubiesen muerto y con ellos el espíritu de ese lugar. En los viejos tiempos se podía ver a los guerreros en ese campo demostrar espíritu, infringir heridas y recibir palizas, pero siempre con la moral alta, todo el asentamiento era más animado, era como si al morir Aileen Corbray y su hijo no solo la dicha de Erik hubiese muerto sino que con ellos todo el espíritu del Valle. Zodd ya no lo soportaba más, era como si todo el lugar estuviese plagado de gente muerta en vida ¿Pero como le decías a alguien que perdió al amor de su vida y a su hijo no nato que tome las riendas de su tierra? Ni siquiera Zodd que poco y nada conocía la contención pues era bien hablador, al punto de ser categórico y frío, tocaba el tema, no se hubiese atrevido jamas. Antes de que alguien se atreviera a decir palabra sobre tal tema que era un verdadero tabú el Valle podría marchitarse como una planta que no ha sido atendida durante cuatro años.


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Re: Los viejos tiempos [Libre]

Mensaje por Erik Arryn el Dom Jun 15, 2014 4:45 pm

Observaba el entrenamiento desde la pasarela, a varios metros de altura del lugar donde aquellos jóvenes entrenaban. Silencioso y vestido de un severo luto, Lord Arryn recordaba perfectamente los tiempos en los que él mismo era quien recibía la reprimenda de la Bestia del Valle. Él había sido su maestro y un tutor severo, exigente pero realmente bueno. Gracias a aquel hombre que se asemejaba más a una montaña podía decirse que Erik Arryn era el mejor espadachín de su generación. Aquel hombre le había enseñado lo que era la estrategia, el impulso, el ímpetu en la batalla. Era casi como un padre para él y aquel hombre gozaba de la confianza de Lord Arryn como para hablarle con sinceridad y tratarle como un padre podría haberlo hecho.

Erik observó la escena con gesto serio y sus manos apoyadas sobre la madera de aquella pasarela; él podía ver que aquellos jóvenes no poseían espíritu ni la fuerza necesaria para convertirse en grandes guerreros de El Valle y si él podía verlo, Zodd Waxley podría incluso olerlo. Aquel hombre nunca había tenido gran paciencia y eso también lo recordaba. Una ráfaga de aire frío aulló y azotó suavemente el patio de armas como queriendo dar un toque de atención. En Nido de Águilas el aire era el compañero más fiel de sus habitantes. Erik estaba familiarizado con la forma en que los vientos azotaban la dura piedra de aquel castillo y de como aullaban las tormentas en furia contra las montañas. Nido de Águilas era su hogar y desde hacía cuatro años también era su único universo pues salir de allí se había convertido en una opción poco posible.

Todo Poniente y, sobretodo, El Valle sabía qué ocurría en Nido de Águilas. Muchos pensarían como su hermana, que solo tenía una "tonta depresión" pero aquellos que tenían esa idea solo eran unos necios que desconocían lo que significaba el amor y el dolor. Solo los ignorantes podían opinar algo así y, además, a Erik Arryn poco le importaba el qué pensaran sobre él. Si le hubiese importado en aquellos años se habría dignado a aparecer en algún evento pero no había sido así. Su carácter había cambiado y ya no era el joven que ganaba torneos para nombrar Reina del Amor y la Belleza a la joven de la que estaba enamorado, el joven que luchaba con ímpetu contra la Bestia del Valle, el joven capaz de reír con facilidad y hablar del futuro con la tranquilidad de aquellos que no han sufrido la mayor pérdida. Hacía cuatro años que había perdido a su esposa y a su hijo pero para él era como si aún estuviera allí sentado al borde de su cama con el cuerpo pálido y muerto de Aileen. Aún podía recordar como limpió la sangre de su piel, aún dormía en la misma habitación con la que una vez compartió con ella. Y podía sentir su presencia. Todo aquello lo guardaba en sus pensamientos pues muy seguramente si dijera algo como aquello todos terminarían por convencerse de que Lord Arryn había perdido por completo la cabeza.

Respiró hondo el aire puro del Valle y volvió a clavar sus ojos en lo que acontecía en aquel patio sin que una sola palabra saliera de sus labios.
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Re: Los viejos tiempos [Libre]

Mensaje por Alyssa Arryn el Jue Jun 19, 2014 11:17 am

Impenetrable...
Así se describe al Nido de Águilas. Ninguna fuerza del suelo puede derrumbarla, ninguna fuerza del cielo puede ensombrecerla. A los que no le gustan, lanza como palomillas hasta estrellarse en los afilados acantilados, espectáculo divertido para quien tiene los ojos de Señor. Alyssa era uno de ellos. Había tenido que hacer de regente el tiempo que su hijo se sentía indispuesto a gobernar dada la muerte de su débil esposa y deformada criatura. No lo culpaba, era entendible, el amor debilita las mentes como la pasión a la carne; demonios que ningún hombre, o mujer, podía dominar. O quizás si, quizás si.

Sentada en la deformidad que era el "trono" del Valle mandó a llamar a su pequeño ruiseñor, hermosa como una balada a los dioses, a por un poco de entretenimiento e información. Le avisó que su hermano, Erik, estaba por los patios de entrenamiento y que lo había visto con una cara muy larga. Patético. Alyssa le ordenó que se retirara, su "vocecita chillona" le alborotaba la migraña, y así lo hizo. Patética.

Alyssa se deslizó cual sombra hasta donde se supone se encontraba su hijo mayor. Desde allí, por los barandales, se veían masas golpeándose unas con otras, sudor contra sudor, carne contra carne, acero y madera chocando en graciosas pero funestas danzas de agua. Rodeó al niño en cuerpo de hombre por detrás, como si fuese a darle un abrazo, pero las telas pesadas del vestido no llegaron siquiera a rozarle. Se limitó a observarlo, adelante atrás arriba y abajo, cual víbora evaluando su presa. Esa era la forma de demostrar su fatuo cariño: prestando atención.
Un rey debe saber cómo funciona el mundo—susurró en su oído—solo así podrá saber cómo hacerlo funcionar.

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Re: Los viejos tiempos [Libre]

Mensaje por Dekar Hightower el Vie Jun 20, 2014 3:53 pm

La espada de entrenamiento giro en su mano como si fuera una varilla, la movía hacia adelante y hacia atrás con gran habilidad y solo lo hacía tratando de calmarse un poco. - ¿Y?. - Hizo un gesto para que los novatos desaparecieran del campo de entrenamiento, al entender que les daba dicha oportunidad no dudaron en tomarla. - ¿Esto es lo mejor que tenemos en el Nido de Águilas estos días? Pues suerte vivimos en un roquerío inexpugnable pues hasta una pandilla de mocosos podría conquistarnos. - Su mirada reviso el lugar, por unos segundos se detuvieron en Erik y lady Arryn, pero no lo suficiente pues prefería no molestarles. Por fin uno de los guardias fue hasta la armería y saco una espada de entrenamiento, aunque carentes de filo un golpe de ellos podía causar mucho daño, especialmente si estaba en manos de la Bestia del Valle. El guardia tenia agallas pero no esperaba otra cosa pues era después de todo un hombre que él había entrenado.

El guerrero no se lanzo directo contra el gigante, nadie era tan estúpido como para hacerlo mucho menos alguien que hubiese cruzado armas con él en el pasado, el guardia giraba alrededor de él examinándolo, hizo amagues de lanzarse al ataque pero solo eran fintas, quizas trataba de entrever si los años le habrían quitado algo de agilidad. Algo cansado de la espera Zodd decidió tomar la iniciativa. - Tienes diez segundo para atacar o seré yo el que comience. - Su rival hizo una mueca de desagrado e intento unos movimientos en zig-zag pero no logro una apertura como para atreverse a pelear.  - Diez... nueve... - Con destreza paso su espada a la otra mano intentando estocadas rápidas, al parecer era tan bueno con la zurda como con la diestra, quizas incluso mejor. - ocho-siete-seis-cinco. - La voz de Zodd dijo los números a gran velocidad lo que descolocó a su oponente haciéndole perder segundos de concentración. - Con todo respeto sigue usted siendo un cabrón, capitán. - Dijo entre dientes el guardia, se podía ver una enorme sonrisa casi de orgullosa. - A mucha honra, ¡uno-cero!. - La espada del gigante se elevo en un segundo e hizo un corte vertical que de no haber alcanzado a esquivarlo le habría dado en todo el cráneo. - ¡Ya no eres un mocoso sino un caballero Elesham, mucha ventaja has tenido!. - El caballero a duras penas había esquivado el primer ataque quedando mal posicionado, de ser otro quien le atacara con semejante espada o si sus movimientos hubiesen sido de acorde a lo que se esperaría de un hombre de su tamaño el ataque no habría impactado. Pero Zodd era más que un hombre de gran tamaño. El ataque impacto en su pecho, la armadura le protegió de una espada sin filo que en otra ocasión habría causado grandes daños en sus huesos solo por aplastamiento, pero no evito que saliera volando y diera un par de vueltas en el suelo. - Quizás en otra vida pequeño Elesham. - Nuevamente miro al público. - ¿¡Algún otro valiente!?


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Re: Los viejos tiempos [Libre]

Mensaje por Erik Arryn el Lun Jun 30, 2014 6:04 am

Su querida madre tenía la habilidad de aparecer sin que nadie la llegase a oír, como una sombra. Casi parecía que acechaba a todos en Nido de Águilas, pero Erik se había acostumbrado a esa forma de moverse desde que tenía memoria por lo que no le era extraño en absoluto. Sus padres habían sido como la noche y el día y él sabía que su carácter era más parecido al de su padre. De él había aprendido la justicia y la honorabilidad, había sido un gran hombre, un buen Lord Arryn, alguien digno de veneración y respeto. Él, sin embargo, había sumido Nido de Águilas en una penumbra de la que era incapaz de zafarse. Ya ni se daba cuenta de que le rodeaba, había pasado a ser un matiz más cada mañana. Y aún se preguntaba que hacía que despertara, su vida se había visto envuelta en una monotonía de actos de los que apenas era consciente. Pero pese a todo allí estaba su madre, Lady Arryn, para asegurarse de que todo continuaba de forma recta y que el Valle no cayese en lo más bajo. Su madre, Erik era incapaz de describir lo que amaba a aquella mujer. Ella le había dado la vida y vigilaba por su bienestar pese a su carácter severo e inflexible. Al fin y al cabo, ¿no todos aman a sus madres? Pese a que ella no había estado de acuerdo con que se desposara con la joven Corbray, finalmente había parecido aprender a amarla. Recordar a Aileen le era aún doloroso, como una herida interna que de vez en cuando sangraba.

Volvió sus ojos hacia su madre, separándolos del espectáculo que Zodd estaba dando con aquellos principiantes y aquel guerrero que había decidido retarle. Su madre era una mujer de belleza severa pero una gran belleza, eso nadie podría arrebatárselo ni negarlo. Pero Lord Arryn siempre pensó que su madre escondía una personalidad más que severa tras aquel rostro. A manos de aquella mujer había tenido una educación severa pero completa y desde hacía años se lo agradecía, pues ella le había convertido en el hombre que había sido. El hombre que ahora era no tenía nada que ver con el feliz y cordial joven que fue. Sin embargo seguía siendo su hijo.

-Como siempre, madre, tenéis sabias palabras que compartir-estrechó las manos de su madre con las suyas, suavemente. Sabía que aquella forma de mirarle, de forma tan intensa y escrutadora como si quisiera poder saber cada pensamiento que le cruzaba la mente, no era sino una forma de demostrar su cariño. Lady Arryn nunca había sido una mujer especialmente cariñosa pero había sido una buena madre.

El grito de Zodd atravesó y rebotó en los muros de Nido de Águilas, como si de un grito de guerra se tratase. Volvió sus ojos a él. Aquel hombre había sido como un segundo padre para él, había sido su maestro y ahora era su protector. Alguien en quien poder confiar, de eso no tenía la menor duda Erik Arryn.

-Tan duro como siempre, Ser-comentó en una voz lo suficientemente alta para que su maestro y amigo pudiera oírle desde su posición.
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Re: Los viejos tiempos [Libre]

Mensaje por Alyssa Arryn el Dom Jul 06, 2014 10:36 pm

Asumió que su hijo había entendido y lo dejó hasta ahí. Se le veía tan pálido, tan poco animado, que a Alyssa le provocó por un instante lanzarlo de allí a ver si en el vuelo ponía otra cara. Le fastidiaba verlo tan deprimido, si, era su hijo y lo amaba con locura, pero también abusaba de su muy entrenada paciencia ¡incluso después de muerta seguía molestándola aquella mocosa! A veces en las pocas noches que concebía el sueño la veía retozando entre la niebla de sus montañas. Maldita sea, como la odiaba cuando le sonreía, aparentando ser la luz de los ojos de su hijo, aparentando ocupar el puesto que ella, como mujer, había reservado en Erik. Su corazón era suyo, suyo, suyo, no se lo quitarían tan fácil, no, ni a él ni a su trabajo, que tanto le había costado, tantos sueños rotos, tantas sonrisas falsas; de no ser por aquella simplona él no estaría sufriendo tanto ¿y qué no hace una madre para ver feliz a sus hijos? Aileen tenía la culpa, no Alyssa, de todas las lágrimas que su señor había derramado, de haberlo hechizado cual arpía con palabras de amor y sentenciado después a una vida encadenado a promesas falsas de querencia. ¡Maldita, maldita sea ella y su sangre! ¡cómo había celebrado que la criatura que tenía adentro se había podrido con ella! Sólo por eso no se perdonaría jamás no haberla matado cuando todavía no era necesario.

Hace tanto que no te veo combatir, mi cielo, siempre te ha hecho feliz.—comentó con voz zalamera—, podríais entrenar un poco, para variar.
Y sin esperar consentimiento o protesta, alzó la voz cual dueña del trono hacia los que la veían con la cabeza alzada, como siempre debía ser.
¡Zood, Lord Waxley! ¡Enseñad a mi hijo un poco de vuestra fuerza!—ordenó.

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